domingo, 29 de abril de 2007

X la city: El caminante

“De Pilar a Retiro” anuncia el guarda. Viaje en tren para el centro. Otra vez no falta el codo de la señora en el medio de mí estomago, ni el que le dio la última pitada al cigarro en el estribo y se encargó de largar su última bocanada de humo en mi nariz… aunque por suerte nos tocó el tren nuevo.
“¡Esto no puede ser… parecemos ganado!” Grita un flaco enojado, cuando el muchacho que no pudo dejar su bicicleta en el furgón le pisa los deditos del pie con la rueda de atrás de su rodado, intentando molestar lo menos posible al señor de traje que tiene cara de pocos amigos.
Un montón de historias se cruzan en un minuto: El que llega tarde y eso le molesta, el que llega tarde y no le molesta en lo mas mínimo, el que va de visita y se promete ir en bondi la próxima vez, y el que ya se lo prometió una vez y se da cuenta porque lo había hecho. Todos juntos en un mismo vagón y sigue el viaje. ¡Caseros!, anuncia el guarda. “¡Que alivio! Acá se bajan un montón”… resulta que solo bajan cuatro o cinco y suben ocho, y, mientras nos lamentamos de nuestra mala suerte, saboreamos un tufillo dulce de unos cigarrillos de dudoso contenido. “!Cuatro pilas doble A por un peso!” se escucha esta vez. Pienso: una verdadera ganga. La señora de al lado se da cuenta de mi emoción por la oferta y me dice al oído: “no seas gil que duran menos que un caramelo”. Asiento con la cabeza su consejo y decido gastar otra vez cuatro pesos en el Kiosco del pelado que esta a la vuelta de mi laburo por dos pilas que duren un poco más. “¡Chacarita!”. El alivio llega al rostro de muchos, esta vez si se bajan un montón y no sube casi nadie. Escucho risas que vienen del furgón, otro partido de truco acaba de terminar y como siempre uno ganó porque era menos mentiroso que el que perdió y lo agarró cantando falta envido con 23.
El tren se frena en Palermo y una vos familiar anuncia: “Tren detenido en plataforma queda suspendido en esta estación”. Miro al cielo como buscando respuesta, no la encuentro y otra vez pienso en mi mala suerte. Es hora de pasarse al subte o al bondi… pero esa es otra historia.

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